Segundo puesto, categoría A
La última página
Esteban Torregrosa Mendoza
I. E. Promoción Social de Cartagena · grado 7.º · Cartagena de Indias, Bolívar
Era Dante un hombre tranquilo. No necesitaba mucho para sentirse feliz, le bastaban una taza de café y un buen libro. Para él, leer no era un pasatiempo… Era una forma de vivir. Los libros eran su solaz, su consuelo, su escape del ruido y del mundo. Podía pasar horas y horas enteras sumergido en una historia sin darse cuenta del paso del tiempo.
Sin embargo sus amigos ya estaban cansados. Cada vez que hablaban de fútbol, películas, carros o cualquier otra cosa, Dante siempre terminaba hablando de libros. Les habla de los personajes, de frases célebres y también de la importancia de leer y lo divertido que es. O eso aseguraba él. Ellos solo lo escuchaban con gesto desdeñoso, como si solo fingieran interés.
Una noche muy lluviosa, Dante decidió salir de casa. Llevaba días sin leer un libro nuevo, y sintió eso que solo los lectores entienden. Tomó su chaqueta, se cubrió con un paraguas y caminó hasta su lugar favorito, «Entre páginas».
«Entre páginas» era un lugar, o más bien una librería no muy conocida, pero a Dante le encanta su silencio y su forma en que los libros parecían susurrarle cosas al pasar. Cada vez que entraba sentía que algo mágico podría ocurrir.
Mientras caminaba entre los estantes, algo llamó su atención: un libro sin título, de tapa oscura y sin dibujos, enigmático, como si guardara un secreto. Aquel libro estaba en una repisa que no recordaba haber visto antes. Lo tomó con cuidado y se sentó a leerlo en uno de los rincones de la librería.
Apenas leyó la primera página de aquel libro su corazón comenzó a latir con fuerza. La historia hablaba solo de él. Contaba cosas de su niñez, de su vida, de sus miedos más oscuros, sus secretos más profundos y momentos que solo él conocía.
Cada página lo sorprendía más, era como si el libro narrara todo de su vida desde que nació.
Pero entonces, al seguir leyendo, Dante no lo podía creer: el libro narraba exactamente la noche en la que él se encontraba. Decía que había salido bajo la lluvia, que había llegado a «Entre páginas», que había encontrado un libro misterioso en una alta repisa, e incluso decía que lo estaba leyendo mientras la tormenta afuera golpeaba con fuerza los vidrios del lugar.
Dante sintió un escalofrío intenso. Tenía miedo, pero con valentía pasó a la última página, pero ... Era la última y... estaba completamente en blanco.
En ese momento Dante pensó: ¿y si este libro habla también de mi muerte? ¿Y si al salir de la librería un rayo lo alcanzaría y todo acabaría? La idea le provocó un fuerte estupor. Cerró el libro con fuerza y se fue a casa.
Intentó calmarse. Tal vez era una coincidencia, o tal vez era un sueño. Pero ¿y si no? ¿Y si su final era tan inolvidable como las páginas anteriores?
Durante días no fue más a la librería. La evitó, o lo intentó, pero no pudo: esa página en blanco evadía su mente, no lo dejaba en paz.
Finalmente, una noche de insomnio, una noche silenciosa, tomó valor y fue a la librería una vez más. Puso el libro en una mesa y al abrirlo… la última página seguía vacía, esperándolo. Entonces ahí entendió que aquella página no estaba ahí para ser leída, sino para ser escrita… por él.
Tomó una pluma, la apoyó sobre el papel… y escribió algo.
¿Qué escribió Dante en la última página?
Pues nadie lo sabe con certeza, porque el cuento quedó intencionalmente abierto, misterioso, como para que el lector se pregunte lo mismo que tú…
¿Qué final eligió Dante?
¿Qué escribió en la última página?
CONTINUARÁ