Saltar al contenido
Escribiendo el Caribe 2025

Mención especial, categoría A

El tambor del mar

Yura Montero Carmona

I. E. Nuevo Bosque · grado 6.º · Cartagena de Indias, Bolívar

235 palabras · unos 1 min de lectura

Había una vez, en una playa del Caribe, un niño llamado Rafael que soñaba con ser músico. Todas las tardes, después de la escuela, se sentaba en la arena con un pequeño tambor hecho de madera y cuero que le había regalado su abuelo.

El mar parecía escuchar su música. Las olas bailaban con cada golpe, las gaviotas cantaban en el cielo y hasta el viento soplaba al ritmo de su tambor.

Un día, mientras tocaba, apareció una niña llamada Lucía, que llevaba en sus manos una maraca hecha con semillas de palma. Rafael y Lucía comenzaron a tocar juntos y, poco a poco, los demás niños del barrio se unieron con sus propios instrumentos: flautas de caña, tambores pequeños y hasta caracoles marinos que servían como trompetas.

El sonido se escuchó tan fuerte que llegó hasta la ciudad amurallada, donde la gente dejó sus tareas para ir a escuchar la música de los niños. Todos bailaban felices: los vendedores de frutas, las palenqueras, los pescadores y hasta los turistas.

Entonces Rafael entendió el mensaje de su abuelo: «El tambor del mar no es solo un instrumento, es la voz del Caribe que vive en la unión, la alegría y los sueños de su gente».

Moraleja. El verdadero tesoro del Caribe no está solo en el mar ni en sus murallas, sino en la alegría, la creatividad y la unión de sus niños y niñas.